¿Por qué Europa se opone a los transgénicos?

Resulta algo irónico que casi todo un continente se oponga a los organismos genéticamente modificados, cuando el científico belga Marc Van Montagu suele ser considerado el padre de la biotecnología vegetal.

En cualquier caso, la postura europea contraria a los transgénicos ha estado marcada durante mucho tiempo por las normas sociales y culturales, junto con un movimiento verde políticamente fuerte y un proceso regulador que carece de confianza pública.

En este artículo nos acercamos a los retos que supone encontrar un terreno común sobre las tecnologías transgénicas en Europa y cómo eso ha provocado hostilidad y miedo.

¿Por qué Europa se opone a los transgénicos?

Los agricultores en medio de un dilema

Mucha de la atención negativa en el tema proviene del uso excesivo de la misma tecnología de herbicidas y la correspondiente aparición de malas hierbas resistentes a estos. Lo que termina suponiendo un riesgo de aumento del uso total de herbicidas.

En consecuencia, no se da la importancia debida a otras ventajas de los organismos genéticamente modificados, como los cultivos que combaten las plagas y son resistentes a enfermedades.

Quienes apoyan el uso de los cultivos transgénicos se encuentran a menudo en un dilema. A todo el mundo le gusta un cultivo que pueda cuidarse a sí mismo, pero no hay investigación en el tema, porque los resultados no se pueden comercializar, dejando a los agricultores sin opciones.

Controversias sobre el CRISPR

Una batalla importante que se está librando ahora es la de si la nueva tecnología CRISPR, que puede editar los genes de una planta, se considerará un organismo genéticamente modificado o estará en una categoría propia.

CRISPR ya se está utilizando en cultivos como los tomates cherry y los champiñones. CRISPR es una forma muy precisa de alterar o eliminar el ADN existente para obtener el resultado deseado.

El proceso difiere de las modificaciones transgénicas más tradicionales que utilizan material genético de otras plantas, bacterias o animales para crear un rasgo deseado. Es muy posible que esta controversia se resuelva en los próximos años, previsiblemente a favor del CRISPR.

La percepción del consumidor

La UE lleva varios años importando soja transgénica de América del Norte y del Sur, principalmente para la alimentación del ganado. A pesar de ello, la mayoría de los países de la UE se han mostrado firmes en su oposición a los cultivos transgénicos. Y esto se refleja en la población.

Una encuesta internacional en 20 países encontró que, en general, el 48% de los encuestados considera que los alimentos transgénicos no son seguros para comer, frente al 13% que cree que son seguros.

Los resultados variaron según el país, pero los países con mayor desconfianza hacia el consumo de transgénicos fueron Polonia (67%), Italia (62%) e India (58%). Pero en casi todos los países, hubo un número significativo de encuestados que dijeron que no sabían lo suficiente como para opinar sobre el tema.

Esta incertidumbre contrasta fuertemente con los estudios científicos generales, que han determinado en numerosas ocasiones que los alimentos derivados de los cultivos de OMG son seguros.

Aun así, el estigma contra los cultivos transgénicos sigue existiendo y puede incluso afectar a la forma en que los científicos perciben su trabajo y sus carreras. Los precios de las copias de llaves jamás tendrán ese tipo de estigma.

La influencia de la política

Parte de la resistencia a los transgénicos es paradójica, porque la gente rechaza las técnicas de manipulación genética en las plantas, pero la acepta para curar enfermedades humanas. Es decir, se reconoce la importancia de la genética, pero no cuando se trata de los alimentos.

Muchos agricultores que inicialmente se oponían a los transgénicos pensaron que la UE aumentaría las subvenciones para mantenerse libres de ellos. Pero, ese valor añadido (que ahora pagan los consumidores) se queda en los distribuidores y no llega a los agricultores.

Se cree que gran parte del sentimiento antitransgénico es el resultado de la fuerza de las organizaciones no gubernamentales activistas del medio ambiente y del Partido Verde, especialmente en Alemania.

Los consumidores siguen teniendo dudas y temores. Y mientras Europa se sigue resistiendo a los organismos genéticamente modificados, los cultivos europeos están en riesgo de perder competitividad con los que provienen del otro lado del Atlántico.